10 de febrer 2011

"EL OPIO DEL PUEBLO" un relato decimonónico


La vida como la conocía le parecía un asco y decidió ir más allá. El siglo de las Luces y el Romanticismo decimonónico dejaba paso al París de los decadentes. Ese era su verdadero Yo, aunque pareciese un ferviente religioso y un escritor muy prudente y respetado, en el fondo era lascivo y se moría por escribir los horrores que su alma negra y su cerebro podrido querían gritar a todos esos nauseabundos recatados con donaires de modernos y sus estúpidos textos mojigatos que no escandalizarían ni a la monja superiora del convento del Saint-Sulpice.

En aquella época París se había llenado de nuevas ideas y de aires orientales: magia, exotismos, especies y bebidas exóticas, caras exóticas, lenguas imposibles y costumbres bárbaras a los ojos de los anticuados Clasicistas que se obstinaban en continuar la escuela de ideas caducas matando el alma y la expresión de un pueblo maltratado por la Guerra, las enfermedades y sus propios horrores internos que lo asfixiaban y ahora clamaba libertad deseosos de abrir sus corazones al aire fresco que traía oriente y su liberadora cultura. Charlie Baudelry era hijo de una buena familia y había sido educado con extremada exquisitez en las humanidades. Era un alumno modélico: inteligente, educado, elocuente, muy ducho para los idiomas, dominaba a la perfección las lenguas clásicas, la retórica, la gramática y el arte de componer versos con una exquisitez y una sensibilidad que hicieron de él un muchacho muy talentoso que pronto se destacó de sus compañeros de promoción en el colegio y fue galardonado con infinidad de premios y consideraciones. Su madre enviudó cuando el chico tenía sólo cinco años por lo que quizá pecó de sobre-protección y de una extremada rigurosidad con el muchacho al que no le permitía excesos de ninguna clase, siempre le obligaba a asistir al servicio religioso semanal, a estudiar sus lecciones hasta que se las recitaba palabra por palabra y asearse varias veces al día, siendo uno de los chicos más brillantes, de mente y de cuerpo, del quartier donde habitaba la familia Baudelry.

Charlie como todo adolescente sobre-protegido y consciente de su don para las letras empezó a frecuentar los locales bohemios donde veía y oía cosas que hasta el momento había ignorado se le abrió un mundo nuevo y desconocido que le atraía irremediablemente. Un día, salió de casa muy enojado por culpa de su madre y de sus estrictas normas que parecían coartarle la poca libertad de movimientos y la preciada intimidad que todo adolescente anhela. Con los ojos llorosos, decidió cruzar el umbral. Entró en un local de las callejuelas de Montmatre y vio que un hombre de rasgos orientales le tendía un objeto extraño. El hombre le indicó por gestos su uso. Charlie se tumbo en uno de esos divanes que popularizó Freud y a su ciencia años después e inhalo de la pipa todo lo fuerte que pudo, aguantó la respiración y cuando se sintió mareado dejó ir el humo que salió espeso cubriéndolo todo de una oscuridad vaporosa. Charlie se asustó, empezó a llamar, a dar gritos pero nadie acudió así que se levantó y a gatas cruzó la espesa bruma.

Al abrir los ojos vio cosas maravillosas desconocidas para él: estaba en una playa infinita de arena dorada y en el agua saltaban peces de todos los colores como si fueran mariposas que revoloteaban juguetonas con las olas del mar. Entonces de la espesa vegetación que se hallaba a sus espaldas salió la chica más hermosa que había visto jamás: largos cabellos rojos que acababan en unos bucles perfectos, sus ojos eran enormes, como una almendra de un verde esmeralda puro y cristalino y su boca pequeña y roja parecía hecha expresamente a juego con su hermosa cabellera, la chica era de un blanco impoluto, su piel era tan fina y blanca que trasparentaba todas las ramificaciones venosas. Daba hasta grima en pensar de tocarla. Charlie no se movió absorto por esa visión hasta que los labios de la chica se unieron a los suyos. Era eso. Charlie había estado esperando un fuego como ese toda su corta vida, esa punzada en el corazón, ese quedarse sin aliento por la pasión arrebatadora que lo engullía. Charlie se sintió levitar. De pronto un trueno ensordecedor le devolvió a la vida, un volcán vomitaba lava y rocas como un poseso. Demasiado ruido, demasiados gritos, la tierra temblaba bajo sus pies pero él no podía moverse, estaba petrificado, veía el torrente de lava avanzar hacia él y ¿ la chica? ¿dónde estaba la chica?. Se había desvanecido. El temblor y el calor le impedían pensar. Un estruendo le hizo abrir los ojos. La cara de su madre estaba delante de él que le regañaba, le zarandaba, sus palabras empezaban a cobrar sentido. Lo habían encontrado en la calle, desmayado y sudando a mares. ¿Acaso todo aquello había sido un sueño?. Aún con la mente turbada por la fiebre y por el recuerdo se sentó en su escritorio y empezó a escribir un poema en prosa que tituló “Los Paraísos Artificiales”.


© Carme Folch, 2011.

09 de febrer 2011

"DARDS ENVERINATS"


Oh, Dolça Musa, vine al meu costat.
Jo t’imploro. Vine, per pietat!.
Ajuda’m, sospirem paraules d’amor,
Obre’m el cor, infla’m l’ànima
Inspirem dolços mots per a mussitar-li al meu dolç amor.

El meu estimat és un ésser menyspreable:
Ha estat cruel i vil amb la meva puresa amable.
Ell em va seduir i ara em deixa,
Vol fugir a temptar noves poncelles.
Odiós monstre! Així es podrís a l’infern!
M’ha destrossat el cor i m’ha enterbolit la ment.

Oh, Dolça Musa, avisa a Amor
Digues-li que estic perduda i tinc por
Car jo era una noieta dolça i gentil
I ara, per culpa seva, tinc l’ànima fosca i vil

Oh, esperits, oh deïtats, aviseu Cupido
Necessito els seus dards enverinats
Sagetes d’amor foll per venjar-me
D’ aquell mal ànima que em va deshonrar.

Que el que Amor ajunta, no ho separi un simple mortal.
I tu, impàvid rufià, beuràs del riu de llet i mel
Que t’ofereix la posseïda bacant
Que aquell jorn malèfic vas cobdiciar.
Les dolces mels que foren antuvi, ara són mera amargor
puix la teva alquímia vil les ha mudat en fel i agror.

© Carme Folch, 2011

05 de febrer 2011

"YO, el Otro, un testamento"


Yo, poeta maldito, escribo al vacío
Escribo versos blancos de sentimientos podridos
a la Nada, al infinito
con el desarreglo total de los sentidos.

Escribo confesando un delito:
Escribo, escribo sin fin, sin motivo
La expresión de mi ser, desde un Barco Ebrio,
de mi cuerpo baldío

Los Paraísos Artificiales me llenan el olvido
Las nauseas del Ser, del vivir sin estar vivo
Escuchad pues mi panegírico:
Yo, poeta maldito, escribo, escribo, escribo...

© Carme Folch, 2011.

04 de febrer 2011

"ESCENOGRAFIA URBANA" un ejercicio de desdoblamiento


Como cada jueves la excitación por el evento de la noche iluminaba mi día, le quitaba necedad. La excitación iba creciendo a medida que se acercaba la hora. Sí ya sé que debería estar acostumbrada a ello pues cada jueves era el mismo espectáculo. Un día gris, aburrido y largo contando los minutos y los segundos que quedaban para ir al teatro. Ese era el gran momento de la semana que compensaba todo lo demás, arreglaba lo malo y superaba con creces lo bueno ocurrido hasta el momento.

Toda la semana era un suplicio y el jueves parecía domingo de lo que tardaba en llegar pero por fin hoy era el día. Me arreglo bien, mudada pero sin pasarme pues el decoro marca que no podemos ir vestidos durante el día como si saliéramos de noche pues se ve raro. De acuerdo, taimo la emoción con un vestido sobrio pero elegante, sólo lo justo, un maquillaje suave que me encargaré de retocar y acentuar antes del gran momento, Soy una chica tímida, de aspecto austero y belleza clásica. No quiero que nadie note en mi el cambio, el momento es mío, me lo dedico, me lo merezco así que trataré de comportarme y no llamar la atención y sobretodo de no decírselo a nadie. Me moriría, me duele callarlo pero es más dulce guardarlo sólo para mí. ¡Cómo me cuesta guardar una bomba dentro de la caja un a vez empieza a sonar el tic-tac!. Lo prometí y lo mantengo sólo para mí.

En la hora del almuerzo busco un rincón tranquilo y me dejo llevar por mis ensoñaciones. Imagino la gente, la excitación previa, los nervios del equipo. Imagino los decorados, la música, el vestuario y a los actores desearse buena suerte al modo teatral; o sea: ¡mucha mierda!. Menuda expresión, quien la inventaría, algún mala pata desafortunado que luego vio cambiar su sino a mejor, por descontado. Qué suerte tienen algunos, tener esa alegría que hace capaz a uno de convertir el agua en vino, lo malo en bueno. Positivismo, una gran corriente muy maltratada por la historia del pensamiento. Quizá siendo más positivos no necesitaríamos eludirnos de nuestras responsabilidades con excesos y otros vicios. O quizá sí. De nuevo al trabajo, sólo tres horas más y la noche será mía. Aguantaré.

Es la hora, finalmente entro y ocupo mi lugar en la platea. Muy cerca, tan cerca como permite el aforo y el nivel del escenario. No quiero distracciones, me abstraigo y entro en trance. Me fascina el teatro. Gracias Esquilo, Sófocles y Eurípides por este regalo. Negro. Acto primero, acto segundo, tercer acto. Es una obra singular, un personaje singular. Experimento una fuerte catarsis: yo me fundo a negro y Ella sale....


Se acabó. Vuelta a la realidad. Aún estoy flotando, la tensión dramática recorre mis venas. Ando sin darme cuenta, he perdido toda referencia y me encuentro sola rodeada de extraños esperando el mismo transporte. Tarda. Soy inmune al frío de la noche, a la gente, a la locura de la ciudad, aun me encuentro suspendida en el aire, en la trama. No reconozco mi mundo.

Llega el autobús, encuentro un asiento al lado de la ventana. Magnífico, las luces y los sonidos dominan mis sentidos. Oigo una voz, insiste en hablarme, me giro y veo a un a mujer haciéndome señas, me habla pues mueve los labios, una mujer extraña, loca. Viste como un hombre, lleva el pelo como un hombre, ya es vieja como revelan los surcos de su rostro pero su pelo no es gris. Bruja, Bacante. Me quiere perder, sus palabras son gruñidos que se van alterando, parece que me maldice, no entiendo nada de lo que sale de su boca. Habla la lengua del demonio, loca, bruja. La ignoro, me doy la vuelta. En el espejo me sigue un rostro. Me mira fijamente, un rostro gris, desconocido, de una mujer que se parece a mi, me recuerda a mi madre, a la madre de mi madre, a mi hija que nacerá algún día. La mujer me mira, me sigue con la mirada, imita mis movimientos, se burla de mí. Vuelvo la cara hacia el pasillo, la mujer de antes se ha sentado en otro lugar que ha quedado vacío. Lee. Me siento aliviada, el demonio me ha dejado en paz, malditas brujas.

De repente oigo unos golpecillos en el cristal, me vuelvo y allí está esa imagen que me persigue, ese rostro conocido, la veo, me veo. La silueta empieza a hacer gestos impúdicos, empieza a gritar, a patalear, lanza maldiciones, grita, llora, arma un gran escándalo. Me hundo en mi asiento, la vergüenza me ruboriza, el corazón empieza a latirme fuerte, fuerte, parece que se vaya a salir de mi pecho. Pecho muerto, pecho muerto de piedra en el que no siento nada. Ahora a visión de esta mujer loca me perturba, me agita viejos demonios, visiones maléficas, malos sentimientos que había enterrado, el corazón late cada vez más deprisa causando un enorme estruendo en mi pecho hueco. De pronto en mi mente veo visiones horrendas de niños muertos, hombres malvados, guerreros sedientos de sangre y cegados por la ira. Mujeres. Mujeres que bailan en la hoguera donde arden las cabezas de los bravos soldados y una mujer que se alza por encima de ellos pisando los cráneos inertes. La mujer es vieja su rostro me es conocido el odio invade mi ser y golpeo con fuerza el cristal. La mujer agoniza, pero antes de morir susurra mi nombre: “Electra”.


© Carme Folch, 2011.

02 de febrer 2011

"LAMENT D’APOL.LO"


En el boig brogit de la ciutat
Sento, de sobte, uns sons estranys.
No són pas de cotxes ni de gent cridant
Sembla un instrument que gemega tot melodiant.

Crida cada cop més fort, més dolç
I del no-res Apol.lo aparegué:
“Digues-me bon Febus
per a qui toca la teva lira
aquesta tan bella i malenconiosa melodia?”

I ell em respongué:
“Toco per Dafne, la bella nimfa
que Peneus transformà en llorer
marcint un amor que se’ns tornà impossible,
I vós per què ploreu?”

Jo ploro pel món i la seva ruïna
M’agradaria ser Prometeu i proveir els homes
de Pau i Bonhomia.
Però aquest món s’ha tornat ben boig
I ara els déus ens castiguen.
Aquí dalt estant veig les llums de la ciutat
I imagino que el món és una illa pacífica.

Fem, bell Apol.lo sonar els nostres instruments al vent
Toquem El Lament dels Impossibles
Que tu mai tindràs de Dafne el seu amor
I jo mai podré viure, en aquest món corcat, en harmonia.
Que els teus dits celestials acaricien la lira
Com la meva ment acaricia la follia
de caure al no-res i llevar-me així la vida:

T’acompanyaré al més enllà i ens farem companyonia
Car aquí em sento molt sola en aquesta meva ciutat enfollida.

© Carme Folch, 2011.

31 de gener 2011

"CUATRO ESTACIONES" poema


Ocres hojas de Otoño
que durante el tedioso
y árido estío
yo os añoro.

Sol de primavera
¿dónde te escondes?
cuando las blancas perlas
del invierno el rostro me hielan.

Brisa de verano
que secas los cabellos
que la lluvia otoñal
me ha mojado.

Largas y gélidas noches de invierno
el año no sería lo mismo sin vosotras
ya que ignoraríamos sin que nos pesara
los signos que preceden al buen tiempo.

Otoño,
Primavera,
Verano,
e Invierno.
Cuatro bellísimas estaciones
tiene un año entero.

© Carme Folch, 2011.

29 de gener 2011

"EL FILO DE LA ESPERANZA"


Oh, cuchillos, dagas mortales
Que de flamantes héroes
Su vida os llevasteis
Llevaos ahora la mía
Y ahorradme está existencia
tan vaga y vacía.

Brillantes hojas de libertad eterna
Salvadme de este pesar
antes de que anochezca
No quiero vivir para ver la luna otra vez
Y ver mi cama vacía sin amor y sin su piel

No puedo vivir, no puedo comer
Hacedme, oh cuchillos, a jirones
No dejéis ni una pizca de mí para los ratones
Libradme del mundo y de mi pesar
Abridme cuchillos la senda de mi final.

© Carme Folch, 2011.